Coraje y autoestima: 4 formas de aumentarlas

 

Introducción:

Coraje y valentía son palabras que hemos reservado casi, de forma exclusiva para los héroes, los guerreros, los sacrificados por una noble causa. O bien para personas intrépidas y aventureras que todo el tiempo se lanzan a nuevas travesías. La verdad es que si, estas personas exhiben coraje en estas acciones, pero vale decir que el coraje es mucho más que una energía de confrontamiento, de grandes riesgos o desafíos.

Hay una cosa que nadie te dice sobre el coraje y es que quizá, aquel héroe se vio sin más elección que la de actuar, eso no es coraje, es reactividad. Quizá aquel guerrero siguió ordenes, esto no es valentía, sino obediencia y talvez aquel sacrificado fue colocado en este lugar por eventos o por mano ajena, eso no es coraje, sino sumisión.

Por tanto, quiero que hablemos de la virtud del coraje, comprendiéndola como aquella energía totalmente subjetiva. Que solo cada uno de nosotros en lo intimo de su ser, puede reconocer si la posee o no, o bien, si la utiliza o no. Quiero contarte del tipo de coraje más importante, el de vivir el cotidiano y a partir de este conocimiento, entenderás porque el coraje es la energía cruda que sustenta tu autoestima, al grado de conquistar independencia y felicidad.

La virtud del Coraje

Coraje

Está virtud es la ignición del movimiento. Es la energía que te moviliza a actuar de forma consciente y predeterminada. Es una decisión que da inicio a la emoción de la motivación, esa energía que  constantemente deseamos para atrevernos a hacer algo.

La valentía es también (como ya comenté antes) la energía de la autodefensa, de la protección de tus seres queridos, de la motivación y del compromiso a encarar el caos dentro de nosotros mismos. Este último debe ser el aspecto más importante, más constante y menos asumido, porque está directamente vínculado a tu autoestima.

Es mucho más fácil exhibir coraje de manera publica y en momentos puntuales. Es como vestir una máscara por un instante, para demostrar algo a quien te observa, de tal forma que puedas conquistar su admiración y sus favores al realizar un acto de gallardía. Pero, es mucho más desafiante, realizar ese acto de valor para contigo mismo, en el silencio y la oscuridad de tu intimidad.

Allí, en ese lugar, donde tienes que tener la valentía de reconocerte equivocado, con defectos en tu carácter, reconocer que en algún momento fuiste injusto, inflexible, arrogante… ese es el mayor acto de coraje posible y es uno que podemos ejercer cotidianamente, pero que, con mucha frecuencia elegimos no hacerlo.

Porque el miedo nos vence, elegimos no enfrentar la verdad dentro de nosotros mismos, esa voz que nos grita a susurros que hemos sido cobardes al no defender nuestro punto de vista, al dejar que otros nos hablen de mala manera, al no establecer nuestros límites personales.

Y ojo, esta cobardía se viste de argumentos como: no quiero pelear, mejor darle la razón y evitar conflictos, no vale la pena, esa persona es testaruda y energúmena, no pasa nada, esa oportunidad no era tan buena para mí, prefiero quedarme callado que arriesgar a perder estas relaciones…El resultado, es que los cimientos de nuestra autoestima se estremecen y surge la duda en nosotros mismos. Dicho esto, debes saber que el coraje no es la contrapartida del miedo, sino más bien, su complemento.

No existe valentía en la ausencia del temor. No tiene valor quien actúa con la victoria asegurada o con la certeza de que no habrá sufrimiento. El miedo existe como causa y el coraje nace como solución.

Otro tipo de coraje es el de morderse la lengua, el de no ser impulsivo. El de tener la valentía de lidiar solo con esa efervescencia que te quema por dentro, sin castigar a los demás. Es el coraje del autocontrol, de dominar tus impulsos de ira y agresión, con tal de preservar tu dignidad y a los que te rodean e insisto, solo cada quien en su intimidad sabrá decir si ha actuado o dejado de actuar fundamentándose en la virtud del coraje y no de la cobardía, los tecnicismos y/o argumentos de conveniencia.

Por tanto, a cada acto de coraje que dejas de tener en el cotidiano, es amor propio que no te brindas. Es negarte acceso a la verdad, esa verdad que pone todo en perspectiva y te da la posibilidad de que elijas hacer algo al respecto y caminar en dirección de tu propia evolución…de tu crecimiento, de amarte y cultivar tu autoestima.

Coraje y Autoestima

coraje y autoestima

Es aquí donde se hace evidente la importancia del coraje en la autoestima. Hace falta la valentía del autoconocimiento, de aceptar el compromiso de defender nuestra opinión, nuestros valores, de hacer escuchar nuestra voz cuando lo entendemos justo, pero también de mirar hacia dentro con crítica objetiva y constructiva para así permitirnos corregirnos y crecer en sabiduría, en empatía, en disciplina, en aceptación…

Cuando abres los ojos a tu verdad más íntima, ya no puedes alegar ignorancia o inocencia y esto te da tanto un poder como un compromiso, el de hacer las cosas de una forma que honre tus virtudes, defienda tu dignidad y no lastime ni insulte a nadie, más allá del dolor e insulto que la legitima defensa de uno mismo pueda evocar. Así, tu coraje cultiva tu autoestima.

El coraje es fundamental para la autoestima porque a partir de él te permites establecer tus límites personales para que las personas no abusen de ti, para que tampoco tú abuses de las personas ni de ti mismo. También es la energía que te impulsa a aventurarte y dejar de lado la timidez al conocer nuevas personas, nuevos amores o arriesgar a practicar nuevas actividades y pasatiempos. Como resultado, nace el orgullo y la satisfacción por tu rutina, por tus relaciones, por las cosas que has conquistado, dándote un aumento de autoestima y una percepción saludable del mundo. Una percepción en la cual acabas sintiéndote útil, formidable y capaz.

Por todo esto y más, te ofrezco 4 consejos que te ayudarán a cultivar el coraje del cotidiano, de tal forma que te tornes una persona convicta de sus virtudes y tu autoestima se eleve a niveles saludables.

Coraje y autoestima #2

#1 Competir:

Aceptar el reto de medir fuerzas, velocidad o inteligencia en un juego es una forma segura de aprender a tomar el riesgo de vencer. Inclusive, realizar pequeñas apuestas como quien lavará los platos puede servir para entrenar el coraje.

#2 Debates:

Atreverse a discutir sea sobre política, religión o futbol es una buena manera de ejercitar el derecho a opinar. Esta capacidad te permitirá en el futuro decir cosas que en otro momento callarías por temor a un desentendimiento.

#3 Decir la verdad:

Investigaciones apuntan que, a cada 10 minutos de conversación, no decimos la verdad sobre algo. Por eso ejerce coraje y se completamente honesto al respecto de algo en tu cotidiano. Pocas cosas exigen tanto coraje como ser sinceros, de esta manera, estarás mejor preparado cuando tengas que ser honesto al respecto de algo que tiene mucho significado e importancia.

Ser honesto no significa ser maleducado o grosero, puedes ser sincero con empatía y cariño, pero aun así hacer honor a la verdad.

#4 Desafíos:

Asumir pequeños desafíos como en juegos de reto o verdad, aprender a bailar o hacer el brindis del cumpleaños de tu madre puede prepararte para asumir mayores e importantes riesgos más adelante en tu vida.

¿Qué te ha parecido esta publicación? Tengamos un dialogo sobre todo esto en los comentarios.

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Finalmente, te dejo con esta bonita frase de Maya Angelou:

“El coraje es la virtud más importante, porque sin él, no puedes practicar consistentemente tus demás virtudes”.

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